sábado, 29 de enero de 2011

¿Quién dijo que No?

Desde que somos niños, soñamos con infinitas cosas, unos soñaran ser grandes comunicadores, profesionales o tal vez desean tener algo que le hes imposible alcanzar.

Una madre siempre soñará de que sus hijos sean felices y que logren las metas propuestas; el jardienero soñará con tener un huerto en donde plantar margaritas y azucenas, el cantante estará en vivir de sus canciones y de la fama; el cielo querrá tener a las nuebes cercas como el mar su sal.

¿Será posible alcanzar los sueños?- se preguntaba el filósofo- a los que el vagabundo le decía de que con perseverancia y estusiasmo las cosas iban a llegar en el momento indicado, por otro lado, el astrónomo decía que el tiempo es relativo y el prisionero refutaba de que no para todos es así.

Tengo la certeza de que tarde o temprano soñamos todos con un propósito y que alegría es sentir al ver que los sucesos son reales y no utópicos como suele decir un genio de que los sueños, sueños son y que por eso que creo que todas las noches nos dormimos pensando cuál será nuestra próxima meta y que al despertar veremos lo que el destino nos tiene preparado; lo que sí, no dejaré de cubrir mis ojos con mis manos y ver cómo es que se siente del otro lado de la calle.

martes, 25 de enero de 2011

Como si fuera ayer


Comencé escribiendo hace mucho tiempo, cuando recién estaba por cumplir los ochos años de edad, si bien, varios niños de mi edad pasaban jugando detrás de una pelota o de algún juguete de acción que les fascinaba, en tanto yo, leía uno de aquellos libros, quizás de Marcela Paz y sus tantos "Papeluchos" que engrandecía mis habilidades lectoras.

Fui creciendo y yo seguía leyendo, en cambios otros seguían jugando y no les miento, también jugaba una que otra vez con mis primos en el campo del abuelo, recuerdo como si fuera ayer esas travesuras, la compañía de la abuela que con su amor y dedicación nos preparaba las crujientes galletas; debo reconocer que gracias a ella es que tengo la admiración por lo libros como ella la tenía por Coelho, cómo olvidar las tardes que pasábamos bajo el árbol leyendo, riendo y comentando lo que leía cada uno. Mi primer libro vino de ella, y recuerdo que no me separaba de él.

Gracias a los libros y mis propias escrituras es que he aprendido a descubrirme como soy, quizás un hombre dedicado, apasionado y por sobre todas las cosas un soñador; he descubierto miles de historias, miles de personajes y que de cada uno de ellos llevo impregnado en mi piel su sabiduría, y sé que atrás quedaran los Rivera Letelier, los Nerudas, Márquez y los Garcilazos, pero también sé que vendrán muchos más en esta vida o en la que se me aproxima, ya que, solo, cansado y viejo, me acompañan mis cigarros, mi café y la pluma con la que te escribo.