domingo, 27 de junio de 2010

Flor de Oro


Desde que te vi, llenaste mi vida con júbilos y una armonía que me estremece cada vez que siento tus abrazos, tus beso y ese Ahh! de tu inmenso cariño que tienes para brindarles a todos los que cada vez te vemos entre saltos y travesuras que sólo a ti se te ocurren. Ayer en el día de tu cumpleaños número dos de cientos, me sentía un cabro chico al igual que esos que corrían des pavoridos tras los dulces y la alegría de ser un angelito de Dios, tal cual como lo eres tú. Cuando me enteré de que tu madre, mi querida prima, te traía al mundo, no te imaginas la felicidad que tenía ya de conocerte, de tenerte en mis brazos y darte todo mi amor que tengo sólo para ti. No hay ocasión en la que me emocione con tus miradas, tus juegos, tus caricias y por qué no, de tus enojos. Ahora, estás muy chiquitita para que comprendas todo esto que te escribo, pero no es impedimento para que tengas claro todo el amor que tengo para darte por toda al eternidad, sé que no eres mi hija, ni nada de eso, pero yo lo siento como si fuera así, ya que, tu madre es uno de mis apoyos fundamentales que tengo en mi vida, ella siempre con su histriónica sonrisa, sabiduría y amor que sé que me tiene, como yo a ella.

Querida sobrina, eres mi felicidad, mi pena, mis arrebatos y mi sol, cómo no querer esos ojitos azulados que tienes con esa mirada ingenua, esos balbuceos que sólo tú sabes que dices y que a veces no tienen un significado trascendental. Eres mi luz de esperanza, la conciencia de mis actos y la dueña de mi corazón; por esto y mucho más te amo tanto querida, Millaray Andrea Toro Burgos, por siempre tú tío eufórico.

Tú eres mi hermano del alma realmente el amigo


Nos conocimos en el otoño del año 1900, te saludé, me correspondiste y desde ahí seguimos intercambiando las palabras, las alegrías y las penas. Me retaste, te reté, cada vez que cometimos errores; te aplaudí y lloraste, me diste las gracias, un abrazo y un te quiero.

Estás en cada ocasión que necesito con quien desahogarme, pese a tu creencia religiosa, tu edad o tu carácter, un día te enojaste y no me hablaste, te llamé, te hablé , pero no respondías; te pedí mil y un perdón, unas cuantas disculpas, y dos lo siento, las aceptaste con ira entre los dientes, pero ciertas de corazón. Me advertiste que nunca más, callé y acaté de mis errores, pero sentía esa culpa inminente de perder tu amistad.

Ahora, que estamos viejos y acabados, me das las gracias por haberte aconsejado, darte alegría, penas y dolores de cabeza, en cambio yo, te doy las gracias, por quererme, por soportarme y darme la fuerza para seguir en pie, gracias, amigo querido.

viernes, 25 de junio de 2010

21 de Junio


Aquí estoy sentado, callado, mientras observo hacia la ventana más remota que se me haya, me llama la atención el grisaseo cielo, se ve raro; está medio oscuro, ¿en dónde está el Sol? y la nubes de algodón?; hace frío, mis huesos tiritan y mi boca espala un aire; hay agua en la calles, los árboles se mojan, al igual que el perro y el vagabundo de la esquina. ¿Qué sucede? ¿por qué estás gris sr. cielo?, ¿ te sientes bien?. no responde.

Continuo viendo por el ventanal, a lo lejos los automóviles pasan raudos, sin cuidado y lanzan unos chorros a cualquier descuidado que vaya cerca de ellos.
Me estoy asustando, el cielo aún sigue así,no cambia, llega la noche y hace más frío, mis dedos se envejecen de a poco, ¿qué pasa?, ¿qué día es hoy? - me pregunto- y logro recordarlo, sí, eres tú quien nos vino a visitar. Bienvenido, frío Invierno.


sábado, 19 de junio de 2010

Extraña sensación

Detesto el amor.
Amo al odio.
Eso yo ya no lo quiero
¿y tú?
¿qué quieres?



Despídete

Hola, ¿cómo estás?
Yo bien, gracias, ¿ y tú ?
¡Qué bueno!, ¡ qué alegría!
¿Qué hora es?, me tengo que ir...
Aló... ¿estás?, Aló ¿te marchaste ya?



Mi recuerdo

Troglodita fui
troglodita soy,
pero algún día
extrañaran al troglodita
que los amó.

viernes, 18 de junio de 2010

Todos somos animales, cierto?



Caballos al galopes, pasitos de perros, saltos de grillos, vuelos de mariposas y abejas, buceos de peces y arrastras de reptiles. ¿Y el humano?; bueno ese, galopa, da pasos, salta, vuela en sus sueños, nada cuando quiere y se arrastra como siempre, pero lo que sí hacemos, a diferencia de los demás, es que amamos, odiamos y pensamos.

miércoles, 16 de junio de 2010

Tú partida

Refugiado entre las sábanas y el colchón que velan mis sueños, me dijiste que te marchabas, que desconsuelo y loco deja vu dejaste en mi pensar. Me enseñaste a olvidar los amargos pesares de la soledad, me enseñaste a dibujar un corazón partido en otoño, pero ya en primavera, no me enseñaste a ponerme de pie, ni menos a caminar entre las frías grietas del camino.

Un suspiro

Un suspiro, un llanto, un abrazo y un te quiero por siempre, solías decirme entre la oscuridad del umbral y la meticulosa soledad que embargaba mi interioridad.

Una risa contagiosa, una mirada de tu boca y un beso de tus ojos, desenfrenado y apoteósico sueño que va y viene ; en un futuro lejano, que creo que no estaré, pero al despertar, volverá a empezar toda esta rutina. Un abrazo, un llanto y un suspiro.

martes, 15 de junio de 2010

Nada es lo que crees


Sentada sobre una silla y apoyada cabeza agacha se hallaba una niña, de rizo dorados, tez blanca y cristales azulados, lloraba sin cesar por el extravío de su muñeca, un trapo viejo, tuerta de ojo, sonrisa perdida y extremidades marchitas. Para la mocosa era su entretención, su paño de lágrimas y su compañera de los sueños.

Buscó, buscó y buscó sin parar, pero no la podía hallar ni dentro de su cuarto, ni en su imaginación; su llanto y mal pasar iba aumentando, tal cual se dejaba caer la tarde en el pueblo de Tihuanaco.

Su madre al ver a su hija en ese estado, no dudó en ir a sus brazos y consolar a la pequeña Sofía, quien pedía vagamente explicaciones del sitio de su gran amiga, la muñeca.

Sofía, seguía buscando su juguete y al no tener respuesta positivas; no hallaba más que romper en llantos, después de tanto desconsuelo, se secó las lágrimas, levantó la cabeza, miró a su alrededor y notó que ya no era la niña de hace treinta años; que esa muñeca había quedado en el pasado y que ya ella era una mujer que no necesitaba jugar con peponas, sino que con sus adorables hijos; que esa pena y angustia provocada, había sido sólo un mal sueño de su vida.