Endosa, estrecha y longeva tierra de más de cuatro mil kilómetros cuadrados, tú que has soportado varias transformaciones terrestres, cómo olvidar tu inicio como sedimento acumulado, y que tras el choque de dos de tus soportes, fuiste formando lo que hoy en día es esa montaña. Fueron pasando los miles de año, en los cuales fuiste evolucionando, soportaste diversos cambios, diversas culturas que se asentaron en este, tu territorio, algunas con influencia incaica, ellos, los pueblos aborígenes, te vieron por primera vez, usaron tu fértil suelo para la sobrevivencia, ocuparon sin permiso tus saladas aguas, recolectando los alimentos que ofrecías y ofreces. Viste pasar a atacameños, pehuenches, onas y los más fieles a ti, la gente del sur.
Tus primero habitantes fueron criollos, y también esos mestizos, rara mezcla de un blanco y un indio desfavorecido, quienes soportaron las pujanzas de las injusticias, las violaciones y los malos tratos de una clase aristocrática que por cultura entendían según ellos lo que es ser un caballero o una dama real. Poco a poco, fueron luchando, y dejando valores impregnados en la sociedad de esos siglos pretéritos, y que por alguna razón se demuestran lo que hoy es nuestro país.
Valorable resistencia tuvieron esos mapuches, que sin miedo ni adversidades pudieron enfrentar al enemigo, comandados por un señor extremeño, quien gobernó a cientos de españoles, mandándolos a reconocer territorio hacia el sur de nuestro país, pero no contó con las perspicacias que tenían nuestros araucanos, como fueron denominados tiempo antes. Sangrientos y crueles resultaros quedaron para el recuerdo de cada uno de nosotros en la llana finca, que nos hace admirar la valentía y el fervor que pusieron para salvar el dominio que pretendían tomar esos sádicos españoles.
Luego de la resistencia indígena que soportaste, vino algo más significativo dentro de la evolución de nuestra nación, como lo es la fundación de tu principal urbe, que al mando de un tal Pedro, y a las orillas del Mapocho y del Huelén, él puso mástil en mano, clavó y promulgó tu nombre, Santiago, y es así como te hemos llamado hasta estos días, de los cuales has visto pasar miles de peregrinos, guerras incesantes y notable cambios demográficos.
Por tus aguas tampoco tuviste tranquilidad y concordia, por allá entre mil ochocientos setenta y nueve y mil ochocientos ochenta y cuatro, una confederación quería destruir a como de lugar tus límites del norte, quería quitarnos nuestro sustento económico, el salitre, y el guano, producto defeco de las aves que anidaban en tus lomas, ambos fueron material valioso de las trincheras, para acabar de una vez por todas con nuestras oportunidades, pero gracias al eficaz labor de un héroe naval como lo fue Arturo Prat Chacón, quien con tan solo una goleta al mando pudo amilanar la actitud hostil de los pobladores, y dejando en la remembranza su efusivo diálogo, y tal cual, nunca se arrió nuestra hermosa bandera nacional, y sus tripulantes supieron con mucha cautela cumplir con su meta final, derribar al enemigo del Huáscar. Notable grandeza de los cientos de compatriotas que nuevamente, lucharon por no ver decaer su patria, los lamentos y el control dramático de los ajenos.
Atrás quedaron las osadías de O’higgins, Carrera, y Portales, todos en ayuda a tus mejorías y a la independización como país, para que seas libre como el viento que recorren a lo largo de tus costas y los senderos que embellecen nuestro paisaje vegetal, el copihue, flor filesiácea, que estás enredada sobre matorrales y colgando de los húmedos árboles o simplemente en donde recibas los rayos del sol, que van directo a tus pétalos y te hace ser único y bello. También tenemos al litre, quien si no lo saludas, se enoja y te enrroncha, te acompaña el llorón de ramas caídas, la esbelta araucaria, y cientos más, que enverdecen tus campos floridos. En los cielos te vigila el águila, depredador poco efusivo, el cóndor, que con su plumaje se hace notar por el Pacífico, cambia de tonalidad, según sea como amanezca, en los llanos suelos van al compás los pasos de los equinos, los brincos de los conejos y las corridas de ñandúes, no sólo eso, cardúmenes vigorosos van de aquí a allá por los salobres que nos brindas.
Aquí viste el nacimiento de grandes personas que enorgullecen mis conocimientos, un Neruda fuerte y sabio que aún no sabe por qué le fascinaba cuando alguien callaba, ya que lo sentía ausente, o una Gabriela, que ganó un reconocimiento por sus letras, siendo la primera, dentro de un país machista, que con su balada nos mostró como sufría incesablemente por su amado, viste entre tus raíces también, al más antipático, al que rompió la forma de mostrarnos poesía, pero tal vez, con un objetivo claro, dar a conocer tal y cual es, la vivencia de nuestra nación. Cómo dejar atrás a la malvada de la Quintrala, quien por su egoísmo y perversión asesinó a hombres trabajadores, su codicia evidenció que quería ser la única con poderío, dejando atrás los valores éticos inculcados por los Ríos y Lisperguer, o cómo dejar de mencionarte Juana Fernández del Solar, tú que hiciste grandes sucesos devotos por la misericordia de los enfermos, de los culpables y de los buenos aventurados, gracias a ti y a tus deberes, te convertiste en una canonizada del recuerdo y de la fe.
Chile, mi país de sufrimientos y alegrías, de guerras y conmemoraciones, cómo olvidar las devastaciones que quedaron en Valdivia por allá en los años 60’s o el producido el tres de marzo en San Antonio, esas miles de gente que quedaron sin su refugio, los llantos de gentes por la pérdida de una madre, un padre, de un hijo, o del vecino de la cuadra, las hambrunas que devastaron en distintas localidades y que fueron creciendo día a día, mientras no había un rescate oportuno. Tal es el caso del terremoto que vivimos en septiembre de mil novecientos setenta y tres, sí, ese que hace 37 años generó pavor, desolación e intrigas por el ordenamiento de un tirano, que no dudó en mandar a sus tropas e invadir el palacio de nuestra gobernación, e inclusive dando ordenes de matanza, al entonces presidente Allende, bueno no lo sabré con exactitud, sino que sólo serán ideas infundadas.
Chile, tú que has sufrido grandes consecuencias para poder ser único, fuerte y autónomo, que has sabido levantarte de los grandes tropiezos que te ha dado la ingrata historia contigo mismo, pero que aún así, sé que te sientes orgulloso por lo que has formado y seguirás formando por cientos de años, ahora que se cumplirán dos cientos años de aquella junta, donde se plantearon los porqué de tu independización y valértelas por ti mismo y no dejarte influir por unos reyes, tiranos o radicales.
Gracias Chile, por darme tus costas que bañan mi apariencia cada verano que voy en busca de ti, de tus salobres y espumosas olas que revientan en la gruesa arena de la playa, gracias por tu clima que consigues tras tus cambios repentinos, gracias por los frutos que pueden cosecharse en tus campos, por la fauna que aprecio en cada ocasión que se me presenta en cada oportunidad; gracias por los literarios que inculcaron en mi memoria, a los gobernantes que dieron lo mejor de sí para salir adelante y tener buenas relaciones con los vecinos de Sudamérica y del mundo.
Gracias Chile, por darnos tanto. Feliz Bicentenario
No hay comentarios:
Publicar un comentario