
Apresura, vamos a dar un paseo por la playa, la tarde está ideal, camina, anímate, el sol está escondiéndose quien sabe dónde, vamos anímate. Escuchó una segunda voz, bajó y corrió sin sentido, la sensación que nació de la muchacha fue oportuna, el ruido de las olas quebrajadas era indescriptible, quería escribir mil versos por segundos, chocar cada palabra como el quiebre de un cristal, pero no lo hizo. Luego de kilómetros de recorrido, su mente la hacía confundirse y a balbucear cosas sin importancia alguna, qué ocurre entre el agua y las piedras de la costa - se preguntó- tan llamativo como un imán atrae los metales de paso.
El mar escondía un secreto que nadie podía descubrir, ¿cuántas personas se tragó del barco en la caída del año pasado? Nadie podría respondérselo, pero ella seguiría indagándolo sin sentido para el resto de nosotros; los remolinos que se forman no son más que respuestas desalineadas, sin sentido, con letras distintas, sin motivo, pero de gran significado, sólo para ella.
Caminando sin sentido por el vertiginoso oleaje y ese matiz distinto de sentir lo hicieron impregnarse en el alto vuelo de su imaginación, cerró sus ojos, sintió frío en su piel, y dijo: ¡Oh qué está pasando, qué sucede!-, en tan sólo 29 segundos de cerrar sus ojos, e imaginarse lo inimaginable, le pasó la cuenta.
¡Hola!. A lo lejos y tan cerca, esa voz no le era familiar y estaba inquieta, una sombra negra,
- Soledad - ... así la llamaba la mayoría de la gente que no siente un flagelo más distinto que sentir conmoción en sus brazos, tocándose al mismo tiempo su dedo índice con el pulgar, simulando una segunda mano, que roza los largos y agudos dedos sinceros y sin uso.
Y ella, Soledad, le habló.
Tus versos tuvieron revuelo muchacha, hoy leí el último soneto que le gritaste al viento, esa fría noche de ayer, siendo verano, corría sangre de aquellos innumerables sentimientos que tú corazón bombea por segundo. Te aseguro pequeña rufián que intenté de mil maneras arrancarte ese mal y tus aguas respondían tempestuosas a mi sal. En tus cantos de tristeza, intenté recomenzar un puñado de ilusiones que querían naufragar; sin embargo, no pudieron en tus puertos arribar y se hundieron tras las olas de la fría necedad de quitar de tus pensamientos nocturnos ese frío nombre y cambiarlo por uno más cruel. No te asustes con palabras al azar quizás esta vez todo puede resultar.
Lo que pusiste en ese trozo de papel yo ya lo sé, el tiempo lo borra pequeña, en verdad no es el tiempo, son tus lagrimas, ¿sabes? Estamos cansados, tú y yo, yo de no saber qué hacer para poder conseguir tu felicidad, y tú... bueno sabrás, espero.
Respóndeme antes de partir, querida soledad: ¿beber sangre es más dulce que la miel?
- La miel es dulce.- le dijo.
Entonces inquirió nuevamente, ¿hay algo más dulce que tu partida?
Tomó una bocanada de aire, cerró los ojos y me respondió. Sólo la idea de que se convierta en pesadilla y que no se puede cubrir de sombras al sol; tú y tu alma ya desprenden una luz que brilla. Entrega tu amor con todas tus fuerzas, es invierno, cae sangre. Tómalo, tal vez te sirva de algo, porque creo que el tuyo ya no existe, se te ha perdido en el largo sueño y creo que sin recuerdos no se puede vivir.
- Soledad -.
Buena Seba, esta super tu escrito, aunque no me guste mucho la soledad, pero de vez en cundo es necesaria. Te felicito y sigue escribiendo así xd
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